🎨 El proceso artístico de Benito Lamenca
“Pinto lo que nadie se atreve a mirar”
Benito Lamenca no fue un artista al uso. Fue un creador instintivo, brutalmente libre, profundamente honesto con su impulso expresivo. Su proceso artístico no partía de una técnica aprendida, ni de una escuela ni de un programa estético: nacía de una necesidad visceral de nombrar lo invisible, de traducir al lienzo lo que no cabía en las palabras. Para Benito, pintar no era ilustrar una idea, era sobrevivir a una emoción.
🖌️ Materia, gesto y símbolo
Trabajaba fundamentalmente con óleo sobre lienzo, aunque lo verdaderamente central en su obra no era el medio, sino la relación con la materia. Aplicaba el color con decisión, a menudo con espátula o pincel ancho, buscando más el impacto emocional que la corrección formal. En su paleta convivían los ocres de la tierra y los rojos del deseo, los azules de la lucidez y los verdes de la ironía. Cada trazo era una afirmación, cada vacío, una renuncia.
Su pintura es física y simbólica a la vez: hay cuerpos, rostros, máscaras, espectros, elementos flotantes y criaturas en mutación. Hay ojos que miran sin párpado, bocas que gritan sin lengua, cuerpos que se abren como confesiones. Todo está vivo. Todo late.
🌀 Proceso interno: pintar desde el desgarro
Benito nunca preparaba bocetos. No planificaba. El cuadro nacía desde el silencio o desde la rabia. Encendía una vela. A veces hablaba solo. Abría su alma y dejaba que los colores hicieran lo que las palabras ya no podían decir. Podía pasar semanas sin pintar, y luego no detenerse durante días, durmiendo en su cueva entre lienzos y olor a aceite de linaza.
Decía que “el cuadro no está acabado cuando está perfecto, sino cuando ya no duele pintarlo”.
📍 La cueva: espacio de creación y rito
Su proceso estaba profundamente ligado al espacio. Su cueva en Guadix no era solo su taller: era un santuario, un laboratorio emocional, un útero creativo. Allí pintaba de madrugada, con luz tenue, acompañado de música antigua o de absoluto silencio. Las paredes blancas de la cueva no eran decorado: eran testigo. Cada obra nacía allí, conectada con la piedra, con la humedad, con la historia de la tierra.
🎭 El estilo Lamenca
Aunque su obra no se adscribe a ninguna corriente concreta, podríamos definirla como una mezcla de expresionismo emocional, simbolismo onírico y crudeza surreal. Pero lo más importante en Benito no es el estilo, sino la energía. Sus cuadros transmiten vida: turbia, violenta, sensual, irónica, misteriosa.
No pintaba para gustar. Pintaba para expulsar.
🔁 Revisión constante
Aunque muchos de sus cuadros fueron vendidos o regalados, conservaba registros escritos de sus obras. A menudo intervenía obras antiguas, las firmaba con fechas múltiples o las dejaba “abiertas” para volver a ellas años después. El arte, para él, no era un producto acabado, sino una forma continua de diálogo con el yo más oculto.
🌌 La obra como universo
La pintura de Benito Lamenca no puede separarse de su literatura ni de su pensamiento. Cada cuadro parece un poema visual. Cada trazo tiene una voz. Su proceso artístico era total: vital, literario, plástico, mental. El resultado no son cuadros para mirar: son espejos deformantes para adentrarse en uno mismo.



